Cuando visito un lugar, me fijo tanto en la atención como en los detalles que hacen cómoda —o complicada— la visita. Desde hace tiempo recorro Texas con una libreta y una mirada de cliente encubierto, buscando entender cómo funcionan los negocios de barrio, las cafeterías, las tiendas familiares y los sitios que merecen una visita.
Me interesa la arquitectura cotidiana: fachadas de ladrillo, calles comerciales, robles que dan sombra a las terrazas y la forma en que cada establecimiento se presenta al público.